El tinder, ese famoso invento que ha revolucionado, más de lo que ya estaban, las relaciones personales. Habrá quien afirme que es una aplicación para tener sexo, los más románticos dirán que es una forma de conocer gente para casarse, tener hijos y seguir una absurda y vacía vida convencional tan demandada después de los treinta cuando los amigos se empiezan a emparejar y literalmente te aburres.
Desde el respeto pienso que ambas opciones son a cual mas patética. Este tipo de aplicaciones están bien para conocer gente nueva con gustos similares o diferentes que nos puedan aportar cosas a nuestro día a día, es decir, lo elemental es tratar a quien está al otro lado de la pantalla del móvil como una persona no como si fuera un objeto que sirve para un fin determinado, después ya se verá que fluye entre ambos.
En mi caso concreto creo que le debo mucho a esta app, ya que me ha ayudado a conocer a gente interesante con la que he vivido momentos muy buenos y que me han enseñado lecciones que me han hecho crecer como persona. Claro está que no todos los chicos con los que he quedado son maravillosos, puedo asegurar que ninguno de ellos era un príncipe azul que me rescataría de una torre, pero cada uno de ellos me ha enseñado algo.
A partir de esta entrada contaré algunas anécdotas que me han sucedido desde que decidí tinderear con el objetivo de que os lo paséis bien y si os puede aportar algo constructivo pues mucho mejor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario